Un informe del IETSE advierte que la baja en los precios no refleja mejoras reales y alerta por el deterioro social.
El último informe del IETSE registró una inflación del 2,63% en abril de 2026, lo que representa una desaceleración de 0,7 puntos porcentuales respecto a marzo. Sin embargo, el dato abre más interrogantes que certezas: la baja en el ritmo de aumentos estaría explicada más por la caída del consumo que por una mejora estructural de la economía.
En el acumulado del primer cuatrimestre, la inflación alcanza el 12,1%, superando lo previsto en el Presupuesto anual, mientras que en términos interanuales se ubica en 32,1%, con una proyección cercana al 34,5% para todo el año.
Menor inflación, pero por caída de la demanda
El informe señala que la desaceleración responde principalmente a una menor presión en rubros como educación, vivienda y alimentos. En este último caso, la suba pasó del 3,6% al 2,1%.
Sin embargo, lejos de ser una señal positiva, el instituto advierte que esta moderación está vinculada a una fuerte contracción del consumo, producto del deterioro del poder adquisitivo.
Crece la fragilidad social y alimentaria
El impacto en los hogares es cada vez más visible. Para abril, la línea de pobreza se ubicó en $1.876.722, mientras que la de indigencia alcanzó los $1.029.591.
Los datos sobre acceso a alimentos reflejan un escenario crítico:
- Más del 56% de los hogares no logró cubrir la canasta básica alimentaria
- El 52,8% redujo la cantidad de comidas diarias
- El 32,1% experimentó situaciones de hambre
- El 88% financió alimentos con crédito o dinero prestado
Además, se observa un fuerte aumento del endeudamiento para cubrir necesidades básicas, con niveles crecientes de morosidad e incobrabilidad.
Consumo en caída y actividad golpeada
En paralelo, el comercio minorista de alimentos registró una caída interanual del 8,5% en volumen durante abril. Esto confirma que, aunque el gasto nominal pueda sostenerse por la inflación, los hogares compran menos productos.
La combinación de inflación persistente y salarios deteriorados impacta directamente en la demanda interna, afectando especialmente a comercios de cercanía y pequeñas empresas.
Un escenario de recesión con inflación más lenta
El informe concluye que la economía atraviesa una etapa de aparente estabilización de precios, pero con un fuerte costo social. La desaceleración inflacionaria no está acompañada por una recuperación del ingreso ni del consumo.
En este contexto, la mejora en los indicadores técnicos convive con una realidad marcada por la recesión, el endeudamiento y la fragilidad social, lo que pone en duda la sostenibilidad de cualquier proceso de recuperación en el corto plazo.
Fuente: El Objetivo